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Como son los bosques que se sumergen en el Canal Beagle

Si pudiéramos pedirles a algunas personas que conocen Ushuaia que nombren tres aspectos físicos identificables del lugar, creo que sin dudas señalarían sus montañas, su mar y sus bosques… Claro, los bosques que se pueden apreciar a primera vista.

Sin embargo, en las recónditas aguas del Beagle como así también en Península Mitre, e incluso en las Islas de los Estados existen los bosques submarinos del alga Macrocystis pyrifera, conocida comúnmente como  cachiyuyo.

Su valor para la biodiversidad marina es tan importante que en el marco del proyecto legislativo que impulsa la creación del área natural protegida Península Mitre -hace ya más de 20 años-, se pone de relieve la protección de su hábitat el cual representa en este lugar, unas 200.000 hectáreas de uno de los mares más prístinos del planeta.

Teniendo en cuenta esto, EL ROMPEHIELOS se dispuso a conocer más de las propiedades de estas algas y habló con la Doctora en Ciencias Biológicas, María Bagur y con la Licenciada en Ciencias Ambientales de la UBA y becaria doctoral del CONICET, Julieta Kaminsky, ambas trabajadoras del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC).

Las especialistas  se encuentran estudiando el ecosistema de los bosques de algas del canal Beagle y lo hacen de manera integral, entendiendo la relación entre las algas que estudia Julieta, y de los invertebrados asociados que aborda María.

En este sentido detallan que “éste es un ecosistema que está presente en otros lugares del mundo pero acá se caracteriza porque es el área de distribución más austral y tiene una enorme biodiversidad. Además hay especies que quizá no están presentes en otros ecosistemas. Los bosques brindan servicios ecosistémicos a todo el canal Beagle, desde provisión de hábitat, refugio, alimento y productividad primaria exportando carbono a otras áreas del canal”.

Bagur, afirma que estas algas en lugares como California (EE.UU.) pueden crecer hasta 15 cm por día, “generando una cadena trófica de invertebrados asociados”.

Dentro del canal, las investigadoras avanzan en la comparativa de lugares que presenten diferentes niveles de contaminación a fin de evaluar cómo crecen los bosques en esos lugares y cómo es el cambio que se da en los invertebrados.

En particular, estudian las zonas donde hay más nutrientes, “ya que ahí crecen unas algas que se denominan Ulva conocidas como lechuga de mar. En este punto lo que queremos comprobar es si hay una competencia inter-específica que esté limitando el crecimiento del bosque”.

María explica que el cachiyuyo posee en su base, un disco de fijación denominado grampón, el cual muchas veces puede verse depositado        en las playas de Ushuaia, “allí viven  muchos animales, sobre todo peces que depositan sus huevos, también erizos, es una zona de crecimiento de invertebrados. Además en las frondes (equivalente a la hoja de una planta), o más arriba cerca de la luz, existe todo un mundo que  no tiene nada que ver con algo que vive en el fondo. Si el bosque de algas es reemplazado  por la lechuga de mar, se modifica todo el ecosistema” afirma.

Pero, ¿qué sucede cuando muere el alga? ¿Qué ocurre con esta cadena trófica que se generó a partir del alga?

Aquí la doctora explica su estudio con animales, basado en la teoría de los ingenieros de ecosistemas, estos “son animales que modifican el ambiente en el que viven y generan hábitat para otros animales. Los grampones de las algas son ingenieros porque por ejemplo al morir el alga, el grampón queda presente por mucho tiempo y va generando más hábitat para otros invertebrados. Yo pretendo estudiar las estructuras que quedan muertas ahí, así como también las vivas, ya que todas generan hábitat. Son estructuras que persisten en el tiempo”.

María afirma que del material relevado al momento de la parte de las frondes del alga, pudo identificar unas 15 especies de invertebrados.

Consultadas sobre los antecedentes sobre los cuales parten para realizar su investigación, Julieta cuenta que para la elección de los sitios donde bucean (Baliza Escarpados y la zona ubicada detrás del Shopping Paseo del  Fuego), “usamos un informe que hicieron el CADIC y la UNTDF para la DPOSS donde se evalúa la calidad del agua en diferentes puntos del canal”.

Además, agregan que “de Península Mitre hay un trabajo del norteamericano, Paul Dayton que vino en los años 70 a la Isla de los Estados y a Península Mitre donde realizó buceos allí y nunca más se hizo nada, con lo cual está todo por hacer. Península Mitre es diferente a la zona del canal porque tiene más oleaje con lo cual el bosque debe cambiar muchísimo. Hay otra alga que se considera formadora de bosque que se llama  Durvillaea o cochayuyo, como le dicen en Chile donde se la come. Con  lo cual sería muy  bueno poder comparar la zona interna del canal (cercano a Ushuaia) con lo que hay allá y registrar las diferencias entre una y otra”.

María expresa con entusiasmo que le parece un lugar increíble para hacer algo porque es un lugar prístino. “Tuve la posibilidad de ir a California y hablar con Dayton quien me contó de los buceos. Él decía que los bosques que vio ahí no los vio en ningún otro lugar del planeta y es un hombre que buceó en todo el mundo. Las algas son gigantes y los grampones tienen hasta un metro de alto. Me dijo que es un lugar único en el mundo, tanto Península Mitre como la Isla de los Estados”.

«Me encantaría que sea una reserva porque en la parte marina no hay  impacto y si no la protegemos quizá esto no sea más así” asevera.

Las investigadoras finalizan la charla contando una anécdota del encuentro de Darwin con un cachiyuyo en el canal Beagle, donde en momentos en que la embarcación levantó su ancla vino añadida un alga que quedó enganchada desde el grampón. “Darwin se maravilló de todos los animales que había adentro. Él dijo que era increíble la cantidad de especies que se veían en esa alga y que si se perdía el bosque, para él sería peor o equivalente a que se pierda un bosque tropical”.

Cómo dudar entonces del enorme valor que tienen las Macrocystis pyrifera, y la necesidad de bregar por su conservación y su conocimiento.

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